El relato de hombres y mujeres sobrevivientes que fueron prisioneros y víctimas de torturas y abusos por parte de agentes del Estado, nos ha permitido hacernos una idea del horror de esos largos años de dictadura. Digo “hacernos una idea” porque, difícilmente, podríamos terminar de comprender lo que unas 40.000 mil personas sufrieron en distintos rincones de nuestro país, de norte a sur. María Isabel, dirigida por Ana Luz Ormazábal, es un acercamiento a la brutalidad de esos años, y también al espacio que las mujeres ocuparon durante la revolución y la resistencia, así como a la hermandad que les permitió sobrevivir a la pesadilla.
La puesta en escena nos adentra, a través de fragmentos, en la vida de María Isabel Matamala, médica especialista en salud pública y exmirista, quien estuvo detenida en Villa Grimaldi, Tres Álamos, y luego exiliada en Suecia (para luego vivir en distintos países de Europa y Latinoamérica). El montaje recorre algunos momento de su vida de manera lineal, y nos entrega información a través de texto proyectado, así como de la voz de la propia María Isabel, contando con un testimonio de primera mano, revisitado a 50 años del golpe de Estado. Una decisión muy inteligente para no dejar cabos sueltos en el relato y entregarle a la espectadora toda la información, lo que también permite acercar a audiencias más jóvenes a una parte oscura, pero trascendental de nuestra historia.

El trabajo de Manuel Morgado en el diseño integral, a través del uso de distintas paletas de colores tanto en el vestuario como en la iluminación, y apenas un puñado de objetos que tienen distintos usos: un bol que sirve para mostrarnos un avanzado embarazo o el casco de un militar, así como pañuelos, paraguas, elementos móviles y parlantes, configuran una propuesta simple y bien lograda. El elenco (Camila González, Marcela Salinas, Mariela Mignot y Esteban Cerda) interpreta distintos personajes que circundan a María Isabel, y a ella misma en distintos momentos de su vida. Esto lo sabemos porque, en el prólogo de la obra, nos han contado de manera explícita cómo transcurrirá el montaje. El texto, en el dramaturgismo de Juan Pablo Troncoso, tiene momentos particularmente conmovedores, en el que basta con escuchar a las mujeres mientras permanecen en fila, con las manos sobre los hombros de su compañera y con los ojos vendados, para imaginar algo del miedo que vivieron tantas mujeres en dictadura.
Mientras se ayudan a transitar la experiencia de la prisión durante alrededor de dos años, María Isabel, junto a otras compañeras, deciden realizar una encuesta para conocer la realidad de las mujeres militantes del MIR. No hace falta conocer las respuestas una vez que hemos visto las preguntas. Ser mujer en 2023 es una cucharadita de lo que nuestras antecesoras vivieron en todos los espacios de la sociedad, del que no se escapa la militancia política. El trabajo de este grupo de mujeres, en medio de la violencia a la que eran sometidas a diario, y la desidia de sus “compañeros”, es un nudo del que no se habla con frecuencia, por lo que este montaje también tiene un gran valor documental. El patriarcado está en todos lados, debemos permanecer siempre alerta.
María Isabel conjuga de manera inteligente y creativa elementos que, por separado, son muy valiosos. El trabajo escenográfico, la música, las interpretaciones, el guión y la dirección, ofrecen un montaje conmovedor, emocionante y con una mirada profundamente feminista que, a 50 años, sigue siendo indispensable para hacer teatro, y también para hacer política y dibujar otros horizontes posibles.

Dirección: Ana Luz Ormazábal
Performer: Camila González, Marcela Salinas, Mariela Mignot y Esteban Cerda
Dramaturgista: Juan Pablo Troncoso
Compositor: José Manuel Gatica
Diseño integral: Manuel Morgado
Asistente de producción: Valentina López
Idea original: Ana Luz Ormazábal y Camila González
Fotografías: Daniel Corvillón


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