La edición de El Aleph de Claus y Lucas (2009), libro que compila la trilogía de Agota Kristof que inicia El gran cuaderno (1987), tiene en su portada –debajo de la imagen de dos niños, gemelos– el texto: “Una mirada al mundo con ojos de niño malo”. Es curioso que la primera idea sobre esta historia sea esa, la maldad, aparentemente sin preguntarse por las razones que llevan a los hermanos a actuar como lo hacen. El texto plantea, sí, un hecho: los niños deben aprender a sobrevivir en un pueblo donde todo escasea –la comida, el abrigo, los afectos–, producto de la guerra.
La prosa de Kristof no juzga. Es la lectora quien define –si quiere– si las acciones de los niños habitan el terreno del bien o el mal. El gran cuaderno es el esqueleto de Gemelos, adaptación estrenada en 1999 por la compañía La Troppa, actual Teatrocinema. Durante el primer semestre de 2023 tuvo una temporada en CorpArtes a propósito de la retrospectiva de la compañía, que reunió ocho de sus montajes de forma continua durante cinco meses. Gemelos agotó sus funciones en un teatro de más de 800 butacas. Muchas espectadoras volvían por segunda o tercera vez: a 24 años de su estreno sigue siendo una pieza fundamental del teatro nacional. Entre el 3 y el 19 de agosto se podrá ver nuevamente en Matucana 100.
Los montajes de Teatrocinema mezclan con destreza los recursos narrativos, escénicos y audiovisuales, y su retrospectiva da cuenta del rigor de la puesta en escena: la pulcritud del movimiento, la sincronía perfecta entre lo que ocurre sobre el escenario y lo que se proyecta hacia él. Son una máquina bien aceitada que avanza sin contratiempos, y eso siempre es reconfortante cuando se mira desde una butaca.
Aunque Gemelos no utiliza los recursos audiovisuales que sobresalen en montajes como Plata quemada o Una historia de amor, se vale de una escenografía que despliega distintos espacios y perspectivas, junto a un gran trabajo de iluminación y al uso de elementos como muñecos y marionetas, para sumergirnos en el mundo de los hermanos, entregándonos “una mirada al mundo con ojos de niño”, a secas, sin juicios. Una casa enmarcada por las cortinas y los bordes de un teatro se articula como el escenario en el que conviven los gemelos (Julián Marras y Christian Aguilera) con su abuela (Laura Pizarro), luego de que la vida en la ciudad no fuera ya posible producto de la guerra, y la madre decidiera dejarlos con “la bruja” –como llaman a la mujer en el pueblo –, quien ni siquiera sabía de la existencia de sus nietos.

Es en esa hostilidad que los hermanos se inician en los ejercicios de endurecimiento del cuerpo y del espíritu, de ceguera y sordera, de crueldad. Se preparan para dejar de sentir, para olvidar las palabras amorosas con las que su madre se refería a ellos: “Solo queremos vencer el dolor, el calor, el frío, el hambre, todo lo que hace daño”, dicen. En la adaptación teatral, los gemelos usan máscaras idénticas y se mueven a un ritmo robótico. No son totalmente niños, pero tampoco han dejado de serlo por completo. Están en un limbo y no sabemos cuándo terminarán de cruzar la línea: quizás con el frío, con los golpes, con el acercamiento al sexo, con la muerte que descubren con sus propios ojos.
Además de los gemelos y la abuela, Labio leporino (o Cara de Liebre), la hija de la vecina, es una de las piezas importantes del relato. Los gemelos la cuidan, sin importar lo que eso signifique: robar y chantajear, son parte de las “estrategias” de las que se valen. La protegen a ella y su madre, les proveen alimentos, leña para calentarse en el invierno. Los niños la cuidan porque están en peores condiciones que ellos. ¿Será cariño, amistad? A nuestros ojos, quizás sí. A los suyos, tal vez, es solo la forma de sobrevivir.
Contrario a lo que ocurre con Historia de amor (2013), montaje que aborda la violencia de género desde la perspectiva del agresor, diluyendo a la víctima bajo la excusa de la exploración de la sumisión, Gemelos habla sobre la violencia y el horror incorporando el humor y la música (el rap de los hermanos es un momento muy interesante) para mantener siempre la perspectiva de los niños quienes, desde su mundo en transición, buscan dar un sentido a la realidad y nos recuerdan que, no importa cuál sea la guerra ni dónde se dé el conflicto o crisis social, las niñeces serán siempre las más afectadas. En eso, 24 años después, Gemelos sigue retratando con maestría una realidad vergonzosamente actual.
Elenco: Laura Pizarro, Julián Marras y Christian Aguilera
Director Técnico/Iluminador: Luis Alcaide
Sonidista: Alonso Orrego.


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