No es la primera vez que Bárbara Ruiz-Tagle dirige una obra que aborda la discapacidad –aunque más bien usaría la palabra diferencia–, y lo que la condición de uno de los personajes genera en su entorno. En 2018 dirigió Mi hijo solo camina un poco más lento, un montaje conmovedor que también contó con Emilia Noguera en la adaptación de un texto que fue un éxito en Argentina; así como con Ana Reeves y Alejandra Oviedo en el elenco, al que en esta oportunidad se suma Felipe Zepeda.
Como si pasara un tren, escrita por la dramaturga argentina Lorena Romanin (y adaptada por Noguera) nos sumerge en la intimidad de un hogar del sur de Chile en el que viven Susana (Reeves), una profesora mayor, junto a su hijo Juan Ignacio (Zepeda), con retraso madurativo. El montaje nos ofrece la posibilidad de mirar cómo han construido su relación madre-hijo, y también el (complejo) vínculo entre quien cuida y quien recibe ese cuidado.
Las obras elegidas por Bárbara Ruiz-Tagle, y el trabajo posterior que realiza junto a Emilia Noguera y el elenco, presentan historias lejos de la victimización. Por el contrario, son montajes que abordan las relaciones con gran ternura. Si bien la discapacidad o la diferencia son el punto de partida de ambos montajes de la directora, finalmente hablan sobre los vínculos, los miedos, sueños y aprensiones en torno a la vida que debe enfrentar una persona querida que no es igual a “la mayoría”.

Juan Ignacio es un joven que quiere descubrir el mundo, pero su madre ha construido para él un pequeño universo a resguardo del que no puede salir. La llegada de su prima Valeria (Oviedo) remece a la familia y moviliza los cambios necesarios para que Juan Ignacio logre correr los cercos y ampliar así su mundo. La puesta en escena –con el hermoso y preciso diseño integral de Cristian Mayorga– define muy bien ese espacio de encierro, pero a la vez de cobijo y seguridad. Por otro lado, destaca el trabajo de Zepeda, quien mantiene un personaje que exige a nivel físico y para el que logra encontrar un tono dulce y veraz.
Quizás lo menos logrado tiene relación con la evolución de Susana, quien, de un momento a otro, logra ver que su hijo está listo y preparado para empezar a descubrir el mundo, luego de años de férreo cuidado. El guión ofrece una pincelada superficial que permite a la espectadora hacerse una idea de la realidad de los personajes, pero el quiebre en la forma de ver el mundo por parte de Susana queda pendiente.
Sin embargo, es una obra que, desde la ternura y la sensibilidad, aborda temas siempre complejos como son los cuidados y la maternidad en ese contexto, en un país siempre al debe con quienes cumplen este rol, mayoritariamente mujeres. Se agradece la mano de Ruiz-Tagle: simple, dulce, cariñosa.
Dirección: Bárbara Ruiz-Tagle
Elenco: Ana Reeves, Alejandra Oviedo y Felipe Zepeda
Dramaturgia: Lorena Romanin (Argentina)
Adaptación Emilia Noguera
Asistente de dirección: Ángeles Rivero
Producción artística: Mía Producciones
Diseño integral: Cristian Mayorga
Diseño gráfico afiche: Lucía Correa
Fotografía de afiche: Elio Frugone Fototeatro
Una coproducción Teatro Finis Terrae, Mía Producciones, Pescado sin querer y repuestos Indra.


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